Antes que nada conviene aclarar que en este estuche de doce compactos – más uno de bonus en el que escuchamos a Furtwängler conversando con estudiantes de la Hochschule für Musik de Berlín – no encontraremos ningún registro desconocido; todo, absolutamente todo, ya ha sido publicado anteriormente. Se trata de las grabaciones – todas – realizadas en directo entre mayo de 1947 y mayo de 1954 por la RÍAS de Berlín en el Titania-Palast a excepción de la obertura de Alceste de Gluck que se registró en el Teatro Schiller de la capital alemana. Ahora bien, ¿qué tiene de nuevo este estuche? ¿Cuál es su interés? Pues la novedad estriba en que se han realizado las copias en CD a partir de los masters originales mientras que hasta ahora habíamos tenido acceso a estas grabaciones a partir de copias de copias de copias... Eso de entrada, pero hay más. Resulta que esas cintas originales que recogen grabaciones radiofónicas reflejaban la inestabilidad de la corriente eléctrica lo cual afectaba la velocidad y la afinación de la música. Para restituir elsonido original de aquellas legendarias emisiones se ha realizado una minuciosa labor de reconstrucción que hace que algunos pasajes suenen ya definitivamente afinados y con la velocidad que Furtwängler imprimió realmente a sus interpretaciones, que en más de un caso es mayor de la que recordábamos. Además, los ruidos de fondo, e incluso algunos ruidos ambientales, se han eliminado en la medida de lo posible o, al menos, se ha perdido su anterior relieve. Una opción arriesgada ha sido añadir un poco de reverberación y podríamos decir que salimos ganando.
Por otro lado tenemos en estas grabaciones al Furtwängler maduro que ya superó el doloroso proceso de desnazificación y volvió a tomar la batuta de su amada orquesta. Del reencuentro entre orquesta y director ante el público tras ese proceso da cuenta el primer compacto que recoge la grabación del 25 de mayo de 1947 con la Quinta y la Pastoral beethovenianas; todo un pedazo de historia. Del mismo año, del 28 de septiembre, data otro histórico encuentro ante el público, el de Menuhin y Furtwängler con el Concierto para violín y orquesta de Beethoven en el atril, todo un símbolo ya que un judío mostró así su afecto y solidaridad al acusado. Por cierto, esta velada empezó con una vibrante versión de la obertura de El sueño de una noche de verano de Mendelssohn yiras el concierto de Beethoven Furtwängler empuñó la batuta para brindar una elocuente y grandiosa versión de la tercera suite de Bach. También tiene carga simbólica el incluir música de Hindemith, un «degenerado» en sendos conciertos de 1950 y 1952, y todo ello con el recuerdo de la guerra y la desnazificación del maestro muy presente. Por supuesto, este estuche condena ya al olvido las ediciones anteriores de estos mismos conciertos y constituye no sólo una emotiva aportación histórica sino, sobre todo, una muestra del mejor Furtwángler en las mejores condiciones posibles. Sinceramente, es para no perdérselo.
|