Estos volúmenes (segundo y tercero de la colección dedicada a Karajan) se dirigen exclusivamente a los coleccionistas y profesionales. Son cintas de radio (RIAS de Berlin) remasterizadas con un sonido muy aceptable. El concierto dedicado a Mozarttuvo lugar el 21 de enero de 1956 y naturalmente es el Mozart de Karajan, es decir, reescrito por el romanticismo tardío. A quienes hemos crecido con el Mozart de Harnoncourt nos suena pesado, oscuro, de una densidad incompatible con el espíritu dieciochesco. El propio Karajan fue consciente de ello porque de interpretar con mucha frecuencia piezas de Mozart en sus primeros años, luego lo abandonó casi por completo, excepto las óperas. Eso no quiere decir que no pueda gozarse de este disco y de la exquisita elegancia de Kempff, pero sólo como documento histórico.
Cosa muy distinta es el doble CD dedicado a Beethoven tomado en dos conciertos (8 septiembre 1953 y 25 abril 1957) en directo. La Tercera, de 1953, es un documento sabroso. Era el año en que por fin Furtwängler permitió a la orquesta de Berlín comenzar a interpretar con Karajan. Como explica Peter Uehling, el pobre Karajan tenía verdaderos problemas para imponer «su» Beethoven sobre el de Furtwängler y la orquesta no le seguía. Tuvo que armarse de mucha paciencia para ir venciendo la dependencia espiritual y artística (comprensible) de la formación con el gigantesco Furtwängler. La Tercera de 1953 es, por lo tanto, una pieza para estudiosos. Cuatro años más tarde ya estaba a la cabeza de la Filarmónica, pero no había podido remodelar los pupitres. Tardaría aún casi una década en construir la formación sinfónica de más alta calidad del mundo y grabar los ciclos sinfónicos que le lanzarían al estrellato. Esta Novena, por lo tanto, no es tan convincente como las que vendrán en años posteriores, pero tiene una altísima calidad y cuenta con el cuarteto vocal más coherente y bello que se conoce.
El disco de Schwarzkopf es, en cambio, una cima de pureza extrema, una muestra del arte de una de las más grandes voces de la historia del lied en su momento de máxima perfección. Se grabó en el estudio de la RIAS el 6 de enero de 1958. Famosa por su capacidad dramática en un terreno tan delicado como la canción, Schwarzkopf se adapta a los cambios de atmósfera de este programa de modo asombroso y su capacidad para marcar psíquicamente cada detalle no tiene igual. Esta virtud brilla con enorme fuerza en los ocho lieder de Wolf que forman la mitad del recital. Exigentes, difíciles, agónicos, oscuros, requieren de la voz una extensión infrecuente y unos cambios súbitos de coloración que Schwarzkopf produce con magnífica naturalidad. En este recital la ayuda mucho su acompañante de la pre-guerra, Raucheisen, que se retiraría justo ese año y que había sido su inseparable sombra. El recital tiene, además, el atractivo de poder oírla en el repertorio inglés (muy alejado de la interpretación actual de los isabelinos) que incluía entonces como homenaje a su marido, Walter Legge, y a su patria de adopción. Muy recomendable.
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