Algunas de las más hermosas piezas dedicadas al clarinete son, sin lugar a dudas, las que Johannes Brahms escribió en sus últimos años: el trío Op.114 para piano, clarinete y violoncelo y las dos sonatas para clarinete y piano Op.120, piezas presentes en este precioso compacto. Falta, pues, el quinteto Op.115 para clarinete y cuerda, que se podría haber añadido repartiendo las obras en dos compactos y abaratando precios; pero ya se sabe, las discográficas están en crisis y las razones económicas son siempre las que pesan a la hora de sacar un nuevo disco a la venta. Dejando estas consideraciones a un lado, el registro aqui comentado contempla el Brahms más profundo e interiorizado, el de la última etapa, meditativo y absorto, que explora nuevas fronteras gracias a un hecho puntual: el encuentro con Richard von Mühlfeld, clarinetista virtuoso que descubre al maestro las maravillosas peculiaridades y virtudes tímbricas del bellísimo instrumento, e impulsa la creación de cuatro piezas introspectivas y melancólicas que se sitúan en lo más alto de la literatura clarinetística. Inicia el compacto el trío Op.114, con Daniel Raclot al cello, Jean-Pascal Meyer al piano y el clarinetista Arthur Campbell, músicos que efectúan un perfecto dibujo de la variedad de atmósferas que Brahms caracteriza en la partitura, con lecturas capaces de verter todas las posibilidades de los instrumentos, tanto en lo técnico como en lo expresivo, en lo indefinible, en todo lo que.subyace en la profundidad de la grafía musical. La transparencia de planos y el empaste son cualidades destacables tanto en la ejecución del trío como en las sonatas Op.120, que aquí se exhiben con una técnica fluida que se rinde a la exigencias del sentimiento, nostálgicas en el fraseo, cálidas en los giros expresivos y siempre conservando un punto de objetividad que no desvirtúe la verdad escrita, aún a riesgo de caer en lo excesivamente calculado. En cualquiera de los casos el registro en cuestión se vende por sí solo pues, desgraciadamente, el insuperable Brahms no cuenta tampoco con tanta discografía -aunque los catálogos digan lo contrario- disponible en el mercado. Peor está el panorama editorial. Si el lector es un admirador del músico de Hamburgo, intente hacerse con algún libro sobre el tema en castellano y verá cuál es el estado de la cuestión en el país del culto a Operación Triunfo y Gran Hermano. Quien firma estas líneas jura que recorrió hasta ocho librerías «especializadas» para encontrar y regalar el maravilloso libro de Amedeo Poggi y Edgar Vallora Brahms, repertorio completo, una especie en vías de extinción, objeto de culto para todo melómano sibarítico y, para colmo, casi el único volumen dedicado al autor en el idioma de Cervantes; en otras lenguas, como las meigas: haberlas, haylas. Pero, a ver quién los encuentra. Aún asi, no hay que perder la esperanza en cuanto a la cultura musical. España lidera el ranking de piratería discográfica de la Unión Europea. En algo tenía que destacar. |