El clarinete es el instrumento de la madurez de Johannes Brahms, aquel al que, como Mozart hiciera décadas antes, dedicó algunas de las páginas más hermosas y personales del final de su vida. Como las tres que aquí podemos escuchar, tres maravillas de poesía, en las que el instrumento muestra sus acentos más cálidos e íntimos. Nos las sirven unos jóvenes solistas que, con el clarinetista Arthur Campbell como a la cabeza, secundado por los pianistas Frances Renzi, en el trío, y Jean-Pascal Meyer, en las sonatas, han sabido captar su esencia más profunda. El secreto en estas obras es simplemente dejarse llevar por su canto, por una melodía que fluye incesantemente, a media voz, sin grandes tormentas románticas, sino más bien con austeridad. Y eso es algo que estos músicos consiguen plenamente. La calidad de la toma de sonido, de una gran pureza y proximidad, acaba de hacer plenamente recomendable este bello trabajo. |